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Técnicas naturales o alternativas a la medicina tradicional

Hay muchas personas incrédulas o que juzgan las técnicas naturales, vibracionales, holísticas, complementarias y alternativas (distintas maneras de nombrarlas) como algo cercando a la estafa o a la charlatanería, y otras, más indulgentes, las califican de placebo.


En la Vanguardia digital del 24 de septiembre salió una entrevista a un sanador que utiliza el reiki (imposición de manos para transmitir energía de sanación a la persona que lo solicita) en combinación con los minerales y cristales de cuarzo para armonizar los campos energéticos –invisibles- del cuerpo humano, y la polémica estuvo servida.


Las técnicas alternativas funcionan, y como todo, tienen sus limitaciones, igual que la medicina tradicional o alopática puede solucionar muchas cosas, pero no todas. Además la mejoría depende de varios factores, el más importante, la actitud personal de la persona afectada. Sin entrar en más detalles respecto a eso, diré también –como paciente y como acompañante en procesos personales, pues he estado en ambas situaciones- que como en cualquier otra profesión, no es la técnica o la herramienta lo que se ha de evaluar, sino la persona que está utilizándola. A nadie se le ocurre decir que la abogacía (por poner un ejemplo lejos del tema que estoy tocando) es inútil y no sirve para nada porque algún abogado no sea todo lo profesional que debiera o no ejerciera honestamente su labor.


Calificar a las técnicas naturales de engaño sin más, obviando sus efectos reales, es producto de la ignorancia muchas veces y del miedo otras, del temor a lo desconocido o a lo que puede parecer extraño. Nos han educado para creer en lo que escuchamos, vemos, tocamos y hacemos, no en lo que sentimos o percibimos, y mucho menos en desarrollar esas percepciones extrasensoriales que todos hemos tenido innatas, pero que cuando no se cultivan, quedan neutralizadas o en estado de letargo. Cuando hay una actitud de apertura (por lo menos conceder el beneficio de la duda) y confianza pueden suceder y se pueden sentir cosas extraordinarias, o sea: las que no se dan en el día a día ordinario o cotidiano. Y eso no tiene por qué ser menos real que lo que vivimos a través de los sentidos físicos, aunque sí es distinto.


Dedicarse como única profesión al tema de las técnicas naturales (no agresivas ni con efectos secundarios nocivos para la salud física), no es nada fácil y menos en estos momentos en los que las personas que antes tenían cierto poder adquisitivo, ahora recortan sus presupuestos para poder llegar a fin de mes y priorizan sus gastos. Primero lo necesario, después lo prescindible o lo que muchos consideran: un lujo fuera del alcance de la mayoría. De los profesionales que conozco personalmente o indirectamente, ninguno está viviendo con grandes riquezas como sí sucede en otros ámbitos (tengan o no que ver con la salud en cualquier aspecto del ser humano), la mayoría, todo lo contrario, y algunos –los menos- muy conocidos o que han llegado a formar un método de trabajo y lo están transmitiendo a otras personas, lo han conseguido con su esfuerzo y dedicación de muchos años, no con engaños o estafas.


Y es por eso que desde hace un tiempo se ha pretendido que en España se incluyan homeopatía, osteopatía, acupuntura, flores de Bach (y seguramente me dejo alguna), en la sanidad pública como ya se está haciendo en países como Francia o Inglaterra. Estas técnicas son efectivas y es una lástima que sigan siendo consideradas como un último recurso para personas desahuciadas por la medicina tradicional. Como una de sus denominaciones declara (“medicinas” o técnicas complementarias), ambas corrientes se pueden complementar muy bien, trabajando unidos los profesionales de las dos ramas para conseguir eso que se hace jurar a los futuros médicos (juramento de Hipócrates), en lugar de descalificarse mutuamente.


Para la mayoría de las personas que desconocen el tema en profundidad o no lo han vivido de cerca, todo entra en el mismo paquete. Y es importante diferenciar entre los procedimientos vibracionales, que actúan sobre los cuerpos sutiles de la persona, como las flores de Bach y otras, el reiki, las gemas o cristales de cuarzo, la técnica metamórfica y en general, todo lo que tiene que ver con el campo energético que nos rodea (campo electromágnetico que algunos denominan aura y que existe aunque no sea visible y no se pueda tocar). Las técnicas que pertenecen al ámbito de lo físico como quiromasaje o masaje en cualquiera de sus formas, el shiatsu, la reflexología, la acupuntura, la osteopatía, etc. Y luego están las enfocadas a una mejora personal, que ayudan a profundizar en el interior para manejar las herramientas que cada una/o posee o aprender a gestionar emociones, reconocer reacciones inconscientes, etc. Estas son tantas y tan variadas, que mencionaré sólo algunas: terapia Gestalt, coaching, PNL, hipnosis Ericksoniana (nada que ver con la hipnosis que nos han enseñado en programas de TV), constelaciones familiares, terapia de vidas pasadas o regresiva, y todo lo que cabe en el cajón de sastre de lo denominado "autoconocimiento" o "crecimiento personal". Por último no hay que olvidar las que abarcan el aspecto espiritual aunque a veces sea a través del cuerpo: yoga, meditación, relajación, visualización, y cualquiera que promueva el acceso a la realidad sutil e invisible y la conexión con algo superior al ser humano. Estas últimas exigen más implicación activa de la persona, pero en todas tiene mucho que ver el responsabilizarse del propio proceso y asumir la parte que corresponde sin dejarlo todo en manos del profesional al que se acude, pues como he comentado anteriormente, éste puede llegar hasta un punto, pero no hacerlo todo y mucho menos, dar a entender que la curación o la mejora dependen de su trabajo exclusivamente.


A pesar de esta división temática, el factor común de todas estas técnicas es que tienen que ver al mismo tiempo con lo físico, lo emocional y lo energético, ya que si algo define a los procedimientos naturales es que abarcan todos los aspectos del ser humano.


Y además de las mencionadas, hay muchas otras formas de prevención y ayuda holística menos conocidas o peor consideradas, que también son efectivas, y que deberían incluirse en la sanidad pública y ser “obligatorias” y gratuitas para cualquier ser humano, porque su intención principal es la de acompañar en los momentos difíciles que todos sin excepción pasamos en la vida, o la de facilitar que cualquiera pueda reconocer sus propias herramientas para manejarse en situaciones complicadas. Y hasta hoy, que yo sepa, eso no es engañar ni aprovecharse de nadie.


escrit per : Luisa Joaniquet